Es posible que, ante una petición de los demás, nos resulte difícil negarnos. Quizá pensemos que, si no hacemos lo que nos piden, los decepcionaremos. En realidad, nos da miedo que dejen de contar con nosotros, incluso de querernos. Pero, sorprendentemente, suele ser al contrario; saber decir “no” nos revaloriza y contribuye a crear relaciones más saludables con los demás y con nosotros mismos.
Normalmente consideramos la palabra no como un término negativo, un rechazo. No hay duda de que es una negativa ¿pero de qué tipo? ¿Supone realmente un rechazo o es más bien una forma de evitar un compromiso que no deseamos?
Al analizar la independencia emocional, aprendemos que a veces la palabra más débil y peligrosa es sí. En las siguientes situaciones ¿cuál sería la respuesta correcta, sí o no?
-
Una compañera de trabajo que es muy perezosa nos pide con frecuencia que la cubramos, asumiendo en secreto sus tareas a cambio de invitarnos a comer algún que otro día.
-
Un amigo, que es muy descuidado, nos pide que le prestemos algo que para nosotros tiene mucho valor.
-
No disponemos apenas de tiempo libre para evadirnos, cuando alguien nos pide que lo ayudemos en una mudanza, lo que supondría invertir todo el fin de semana. Además, estamos ya estresados y cansados.
A muchos nos resulta difícil decir que no por temor a decepcionar a los demás, pero también a nosotros mismos. Nos gusta pensar que podemos hacerlo todo, decir que sí a todo.
No queremos admitir que nuestras energías son limitadas, A veces ni siquiera conocemos nuestros límites y acabamos sobrecargándonos y perjudicando nuestra salud física o mental por haber dicho que sí cuando en realidad queríamos decir que no.